“Yo hago lo que tú no puedes, y tú haces lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas» Madre Teresa de Calcuta.

La cooperación y la colaboración han sido siempre algo intrínsecamente humano aunque parece estar en peligro a causa de estos tiempos que corren, caracterizados por el individualismo.

Si analizamos los modelos de aprendizaje dependiendo de la interacción entre los alumnos y motivación de estos para el aprendizaje, podemos hablar de tres modelos que imperan en los colegios: individualista, competitivo y colaborativo.

En el sistema individualista cada alumno trabaja para conseguir su meta al margen de los compañeros. El estudiante suele proponerse como metas avanzar en su aprendizaje y satisfacer a los adultos relacionados con sus estudios, generalmente padres y profesores. Las causas de su éxito en los estudios las atribuye a su esfuerzo y a sus cualidades y habilidades propias. No tiene interacciones con los compañeros en relación al aprendizaje.

En el sistema competitivo, cada alumno trabaja de manera independiente para alcanzar su meta, consciente de que ello supone que los demás compañeros no han de alcanzar la suya. Cada estudiante se propone, pues, como finalidad el quedar mejor que los demás en aquellos aspectos que se tienen en cuenta en la evaluación. El éxito será para los que crean que poseen unas cualidades y habilidades superiores a las de los compañeros.

En el sistema cooperativo, cada alumno alcanza la meta que se ha propuesto en la medida en que los compañeros de su grupo alcanzan las suyas. El estudiante suele proponerse dos metas: por una parte conseguir algo personal útil incrementando la propia competencia y, por otra, contribuir a que los compañeros también lo logren. La causa de su éxito en el trabajo de clase la atribuye tanto a su esfuerzo personal como al esfuerzo realizado por los compañeros del grupo. Las expectativas futuras se fundamentan en el convencimiento de que todos tienen algo que aportar a los demás.

Desde el ámbito educativo necesitamos iniciar el retorno de modelos de cooperación para avanzar hacia un mundo mejor, siendo, además, positivo a diferentes niveles y con múltiples ventajas en el aula:

  • Permite aumentar en cantidad y calidad las interacciones tanto entre los propios alumnos, como con el profesor.
  • A nivel de educación en valores se muestra como un tipo de aprendizaje de importancia capital: fomenta el respeto y la aceptación, la empatía y la autoestima, la ayuda mutua y la solidaridad, etc.
  • Pone al alumno en el centro del aprendizaje, manteniéndose activo durante su proceso de aprendizaje.
  • Fomenta la interacción personal cara a cara, la comunicación con claridad, la escucha activa de las opiniones del otro, la negociación de sus propias opiniones.
  • Entrena la responsabilidad invididual y social, los miembros del grupo son responsables de su desempeño individual y del éxito global del grupo, se comprometen en el desarrollo y progreso de la tarea común.
  • Crea un sentido de pertenencia (tanto con el grupo como con la clase) y una interdependencia positiva surgida del compromiso por conseguir los objetivos individuales y comunes.
  • Permite mezclar alumnos con diferentes desempeños para que se ayuden entre ellos. Esto implica que haya diferentes ritmos, pero también abre nuevas posibilidades de colaboración que hacen progresar el trabajo.
  • Todos los nuevos modelos de aprendizaje o tipos de actividades pasan por plantear trabajos de carácter cooperativo: Gamificación, PBL, trabajo por proyectos, juegos de rol y simulaciones, estudios de caso e investigaciones.
  • El uso de herramientas tecnológicas permite la comunicación en cualquier momento y en cualquier lugar. Esto permite la posibilidad de trabajar de forma local, regional o global, con lo que podemos trabajar la interculturalidad.
  • Favorece la interdisciplinariedad, y con ella, una comprensión global no fragmentada o encapsulada del mundo que les rodea.
  • Por último, el aprendizaje cooperativo nos permite realizar un pequeño acercamiento al futuro laboral de nuestros alumnos. De la misma forma que en el trabajo no funcionamos en compartimentos estancos y necesitamos adaptarnos a diferentes personalidades y niveles (ya sea de conocimiento o de cargos) así lo tendrán que hacer nuestros estudiantes en sus actividades colaborativas.

Solidaridad frente a competición, humildad frente a superioridad, empatía, escucha, relaciones humanas… Nosotros tenemos claro qué modelo necesitan nuestros alumnos como presente y futuro de esta sociedad tan «selfie» en que vivimos. ¿Y tú?

«Sólo si descubrimos que nuestra verdadera riqueza son las relaciones y no los meros bienes materiales, podremos encontrar formas alternativas de vivir en una sociedad que no esté gobernada por el dios dinero, un ídolo que la engaña y luego la deja cada vez más inhumana e injusta”. Papa Francisco.