Como familia que vivimos hechos tan desconcertantes encerrados en nuestro hogar, un escenario tan nuevo y desafiante, deseamos aprender a hacerlo desde el Evangelio de Nazaret. Tenemos que aprender porque no estamos acostumbrados, nos cuesta reconocer los caminos, las rutinas, nos es difícil resituarnos de golpe, incluso a veces hasta nos cuesta reconocernos a nosotros mismos, en nuestras reacciones y maneras de hacer. Y quizás nunca como ahora habíamos compartido tanto el espacio y el tiempo como familia, en una incertidumbre que no nos permite planificar o soñar como estábamos acostumbrados, pero que sin duda nos abre nuevas posibilidades.

Por esto, en este aquí y ahora, con todas las dificultades que lleva consigo, con la marea de sentimientos contradictorios que despierta, nos ponemos en vuestras manos, Jesús, María y José, Familia que tanto sabéis de problemas y dificultades.

Desde el Evangelio intentamos imaginar situaciones vuestras, tan parecidas. Quizás al conocer aquel cruel mandato de Herodes de hacer desaparecer todos los niños menores de 2 años, tan vulnerables como nuestros mayores ahora, lo viviríais como la amenaza que experimentamos hoy con el COVID-19 al acecho de las puertas de nuestras casas, poblaciones, ciudades, países, atentando la vida de tantos… Quizás el sabor amargo de aquel ambiente hostil vivido en Jerusalén los últimos días de Jesús en la tierra, que para ti, María, sería un amago de la espada que pronto atravesaría tu alma…

En sintonía con vosotros que no lo tuvisteis fácil en Nazaret – muchos años en una casa pequeña de un pueblo muy pequeño – venimos a pediros:

José, que en silencio obediente supiste encajar todos los reveses con la mirada puesta en Dios y actuar de acuerdo a su Voluntad, sin que te nublaran el alma tantos profetas de desventuras como también había en tu tiempo, enséñanos a protegernos del catastrofísmo excesivo, de la falta de esperanza al saber de tanto drama ocurrido. Haznos sabios buscadores del bien, de noticias veraces y de quienes las interpretan, para que podamos adivinar en ellas, la luz, el mensaje de Dios hoy y aquí para todos nosotros.

María, que supiste hacer de tu casa un hogar cálido de vida y crecimiento, enséñanos, Madre, en la labor cotidiana, a saber pedir el pan de cada día, a saber vivir ese «cada día» sin muchas pretensiones, con el delantal del servicio y el corazón en alto.

Jesús Niño, Jesús que creciste en tu casa, en tu familia de Nazaret, enséñanos a crecer, a seguir creciendo en sabiduría, en aprendizaje de las lecciones que nos deja este Covid-19, y dinos cómo crecer en gracia, en mejor relación con Dios, con los demás y con nosotros mismos.

Os lo pedimos de familia a Familia, en la seguridad de que nos escucháis porque estáis muy cerca, porque sabéis de dificultades más que nosotros. Amen.