El pasado viernes, nuestra comunidad educativa participó en una experiencia que trascendió el ámbito deportivo para convertirse en un símbolo compartido de acompañamiento y compromiso. En la Ciudad Deportiva, cada paso dado por nuestro alumnado evocó la dura carrera que muchas personas libran frente al cáncer: una meta que no se alcanza en solitario, un recorrido exigente, lleno de obstáculos, en el que la constancia y el apoyo colectivo resultan esenciales para continuar avanzando.

Con este espíritu, todos los alumnos tomaron parte en una carrera benéfica a favor de la Fundación Canaria Pequeño Valiente, que camina junto a niños y niñas con cáncer y toman de la mano a sus familias, ofreciéndoles respaldo, cercanía y esperanza a lo largo de un trayecto que requiere fortaleza diaria.

Durante días, nuestro alumnado se volcó en buscar patrocinadores entre sus familiares, amistades y personas de su entorno, convirtiendo cada aportación en un gesto de aliento y cada colaboración en un impulso simbólico hacia la meta común, demostrando así que la solidaridad se aprende practicándola. La respuesta obtenida permitió recaudar 9136,89 euros , reflejo de la sensibilidad de quienes decidieron sumarse a esta iniciativa.

Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a quienes contribuyeron con su generosidad y compromiso, porque cada muestra de apoyo dejó una huella imborrable en este camino compartido. Huellas que hablan de solidaridad, de empatía y de la capacidad de una comunidad para avanzar unida cuando el corazón guía los pasos. Del mismo modo, por su implicación ejemplar merecen un reconocimiento especial el alumnado, el profesorado por su dedicación constante y las familias por caminar a nuestro lado y hacer posible el desarrollo y el éxito de esta jornada educativa, humana y tremendamente significativa. Porque cada huella sumada transformó la carrera en un sendero de esperanza que seguirá marcando el rumbo de quienes creen en el poder de acompañar.

Esta experiencia nos recuerda que hay carreras cuyo verdadero valor no reside en la velocidad, no se mide en tiempo ni en distancia, sino en la capacidad de avanzar juntos, de sostenerse en los momentos difíciles y de mantener viva la esperanza hasta alcanzar la meta.

¡Gracias por cada paso dado, por cada apoyo ofrecido y por convertir esta carrera en un camino de esperanza compartida!